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Por extraño que parezca, los buenos propósitos no son exclusivos del Año Nuevo, pero sí lo son los grandes y definitivos. Podrían llamarse también, mis primeras voluntades, porque la palabra deseo tiene algo de fascinación, tiene un plus, que no encaja con la idea de tener o deber hacer algo.

Vida saludable -y no sólo por la dieta-, vida solidaria, vida amable... Arranca el año y el "buenismo" nos lo auto enchufamos en vena como una primera dosis de otras tantas que llegarán o no. A mi me atrae este año, la idea de la INNOVACIÓN. Por edad, por salud, por Star Wars, por Doctor en Alaska, por experiencia, porque el cuerpo me lo pide ... en resumen, que si la vida me da tiempo, me lo tomo para darle a mi cerebro alicientes que me permitan dibujar esa sonrisa maliciosa de satisfacción. Así cumpliré con un buen propósito: crear pensando en las necesidades de este sector en el que me muevo, el de los seres humanos.

Aviso: quédense tranquilos los matemáticos, físicos, químicos y los del Hormiguero, lo mío es mucho más de andar por casa.

Me gusta escribir releyendo noticias que he guardado o seleccionado, algunas personales y otras de rabiosa actualidad. El caso es que, estos días, podremos ver en los periódicos reportajes y unas cuantas páginas de lo que nos dejó el 2015. Es un sano ejercicio que requiere de un mínimo de tiempo y serenidad. No porque vayamos a entrar en modo zen, sino porque detenerse, da perspectiva.

Y aunque pasan los meses, y poco se ve en la televisión, 2015 confirmó el horror y el drama de la inmigración, especialmente visible en la sinrazón siria, ante una Europa inoperante. Somos europeos y hemos dejado solos a los municipios que reciben a pecho descubierto barcazas. Hemos dejado que las elecciones suplan el goteo que agita conciencias.

Jamás olvidaré la vergüenza que sentí al ver que, en la orilla de la playa, un niño yacía muerto por la quietud, nuestra quietud. Mi mar, al que tanto voy porque adoro, se convirtió en mi espina y espero y trabajo para quitármela en 2016.

Le he echado un vistazo a los periódicos tras el día de Elecciones Generales, porque, es cierto, ayer me fui a dormir sin saber quién será el próximo presidente. Y ahí está la primera sensación de cambio. Un cambio que se lee complejo y repleto de trabas. Pero me aferro al optimismo como síntoma de recuperación, de capacidad de diálogo y de avanzar.

Quizás hoy nuestro gobernantes tendrán que dejar de pensar como si estuvieran dirigiendo una gran empresa y empezaran a hacerlo de una pyme -cuatro lo son- o una micropyme. Tendrán que poner sus soluciones encima de la mesa y defenderlas cara a cara, sin el escudo del Consejo, y con la incomodidad que produce tener a tu lado a quien no quieres para tomar una caña.

Lo bueno es que sólo tardaremos dos meses en conocer la respuesta.  Algo de humildad en Navidad no vendrá mal y como dice un profesor del Master, veremos quien es proactivo y construye y quien se sienta a ver el funeral.

La ciudad de Alicante está en pleno debate sobre organización de terrazas o veladores en sus calles y plazas. La crisis -porque como dirían los chinos es una oportunidad- para que los alicantinos (loralicantinos) seamos capaces de contar con calles animadas, de esas que el cuerpo te invita a ir, de las que puedes disfrutar, de las que molestan, pero también dejan vivir; en definitiva, de esas calles que dibujan estampas mediterráneas.

El problema es que los alicantinos nos movemos como devoradores. Primero (perdón por los años) fue la calle San Fernando, luego el Barrio o Casco Antiguo, más tarde el puerto y ahora Castaños hasta Plaza San Gabriel. Nos gusta salir cual marabunta, al calorcito de la multitud, por eso de que el roce hace el cariño. Da igual que sea invierno que verano.

Así, todos andan locos buscando solución. Las hormigas iremos buscando nuevos sitios. Lo interesante sería aprovechar la crisis para que esa zona se quede de lujo, con sus terrazas, con sus horarios, con su vida, con sus vecinos, con opciones.

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7D es el nombre que Atresmedia ha dado al primer debate abierto de la política española a cuatro bandas. Es un buen momento para apreciar cuán de importante es la comunicación y todo lo que la rodea. Disfrutemos del show.